Cuando era adolescente mi padre estaba activo en el Ministerio de Educación como profesor, recuerdo que dedicaba parte de su tiempo libre entre semana y fines de semana a trabajar de taxista para poder estirar los reales y poder mantener una mediana calidad de vida para él y su familia. Recuerdo además que mi madre también trabajaba y entre los dos nos dieron a mi y mis dos hermanos todas las comodidades para no tener que preocuparnos por educación, vestido, comida, juguetes, entretenimiento y viajes.
Hoy día, veinte y tantos años después, me pregunto: ¿Existen mejores condiciones laborales para todos los trabajadores del sector público y privado?, ¿Hay menos profesionales desempleados?, ¿Hay menos trabajadores informales?, ¿Existen mejor y mayores oportunidades de desarrollo? ¿El socialismo que tanto pregonan y defienden realmente a dignificado al venezolano? ¿Es acaso un trabajo político, ofensivo y denigrante una mejora?
En este día recuerdo especialmente a mis hermanos, amigos y familiares que deben salir de su trabajo a taxear unas horitas para pagar el préstamo que le hizo la empresa, hacer transporte escolar luego de haberte quemado las pestañas sacando un doctorado, matar tigres formateando computadoras esperando que algún día reconozcan tus méritos para un ascenso, vender productos por catálogo para completar las lochas en la quincena, hacer tortas y ponqués para ver si logras completar la inicial para una casa o un auto, o más triste aún, pagar una consulta u operación, estar en un puesto de trabajo que no te gusta pero es lo que te permite llevar la comida a la mesa (y ni un lujo más), vender carteras y perfumes para echarle el piso a la casita que esperas habitar desde hace poco más de año y medio, en fin a todos aquellos que trabajan y sacrifican calidad de vida junto a sus hijos y familia, aquellos que no saben lo que es salir a disfrutar una cena junto a su esposa porque implica dejar de pagar luz, agua y teléfono, aquellos que no se rinden, luchan y sueñan día a día por tener una mejor calidad de vida no para ellos sino para sus hijos y nietos.
Aquellos que luego de 25 y 30 años de trabajo esperan su jubilación y trato justo. Aquellos que están lejos, bien lejos, en otras latitudes porque en su país tienen todas las puertas cerradas, pero que sueñan con regresar y ayudar a salir adelante a Venezuela. Aquellos que con ilusión reúnen dinero para enviarle a la familia. Aquellos que parecen que la tienen fácil pero que también sacrifican el no poder estar el día que sus hermanos traen un nuevo miembro a la familia, el día que un hijo recibe su titulo de médico o ingeniero, celebrar cumpleaños y navidades, estar, acompañar y apoyar en momentos de enfermedades y despedidas.
Hoy es un día propicio para recordar todo eso y sacar fuerzas para no perder la fe.







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